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jueves, 30 de abril de 2009

TODO SOBRE LA MENOPAUSIA

Menopausia

¿Qué es la menopausia?

La menopausia es una etapa en la vida de la mujer que se produce a raíz del cese de la función ovárica, consiste en la falta de secreción de estrógenos y en la ausencia de ovulación regular por parte del ovario.

Es una situación fisiológica, que afecta a todas las mujeres alrededor de los 50 años. Siendo una situación natural, frecuentemente tiene una serie de alteraciones acompañantes, que pueden ser evitadas o aliviadas, con un control médico adecuado.

Dentro de los 45 a 55 años se presentan cambios físicos y emocionales en la vida de todas las mujeres estos cambios son normales y pasajeros.

A la desaparición de la menstruación, y con esto la capacidad de tener hijos, se le llama Menopausia; al tiempo que rodea este proceso antes y después de la desaparición de la menstruación se le llama Climaterio.

Cada mujer vive la menopausia de manera diferente. Algunas no tienen molestias, pero otras sienten malestares emocionales y físicos.

Síntomas

Emocionales:

Muchas mujeres se vuelven más sensibles y nerviosas. Y con frecuencia, se ponen tristes o deprimidas. Algunos de los cambios emocionales pueden coincidir con situaciones de la vida diaria o creer equivocadamente que la vida sexual se acabo y que estas envejeciendo.

Los malestares emocionales se pueden reducir si la mujer que comienza a sentirlos sabe cúales son los cambios que llegan con la menopausia, si comparte las dudas con personas de confianza o con otras mujeres que estén en una situación parecida, y si cuenta con el cariño y el apoyo de sus familiares.

Físicos:

El malestar físico más común son los sofocos que son como oleadas de calor que se sienten de pronto en el pecho y la cara, y hacen sudar y enrojecer la piel.

Los sofocos pueden ocurrir varias veces en el día o en la noche, y es posible que se presenten durante meses o años.

Otro malestar físico son las palpitaciones. Son los latidos del corazón que se sienten más fuertes y rápidos. Casi siempre aparecen cuando la mujer está cansada o preocupada.

Como aliviar los malestares:

Los malestares de la menopausia no son peligrosos y pasan después de un tiempo, pero es bueno saber cómo aliviarlos.
Buenos sitios frescos, bien ventilados, usar ropa floja y fresca, ayuda a aliviar el calor de los sofocos.

Para disminuir las palpitaciones es bueno sentarse y reposar, respirar hondo y tomar té de hierbas como anis, menta, tilo, azahar o naranjo agrio.

Se recomienda una dieta balanceada, rica en verduras, frutas, carne (2 veces por semana), leche y disminuir el consumo de sal, grasas, azúcar y café. Evitar el fumado.

Cambios en el cuerpo:

La vejiga caída y la matriz caída, así como los huesos que se quiebran con pequeños golpes, con problemas comunes en la menopausia, pues los músculos y los huesos se debilitan.

La vagina se vuelve más seca, esto puede hacer que se sientan molestías al tener relaciones sexuales, esto se puede aliviar con una crema recetada por el médico.

Para ayudar a mantener fuertes los músculos y los huesos, la mujer puede tratar de tener ciertos cuidados desde mucho antes de llegar a la menopausia:

Distanciar los partos, con dos años de diferencia, para que los músculos, especialmente los del vientre, tengan tiempo de recuperarse.

Recibir sol con más frecuencia, si no acostumbra hacerlo.

Se debe hacer algún ejercicio, como caminar que es divertido y se puede hacer con la familia o amigos pero sin llegar a la fatiga.

El embarazo después de los 35 años, y en especial antes de la menopausia, tiene más riesgo, tanto para la salud de la madre como de la hija o hijo.

El embarazo después de los 35 años, y en especial antes de la menopausia, tiene más riesgo, tanto para la salud de la madre como de la hija o hijo.

Por eso es importante usar un método anticonceptivo, recomendado por el personal de salud, hasta que la regla haya dejado de venir durante un año seguido.

Hay que buscar ayuda:

Cuando los malestares son muy seguidos o incomodan mucho.

Cuando se sientan ganas de orinar muy seguido, cuando se sienta dolor al orinar, o cuando la orina se salga al toser, al estornudar o al hacer fuerza para cargar alguna cosa.

Cuando haya sospecha de embarazo. En ese caso, lo mejor es ir al control prenatal lo más pronto posible.

Cuando haya un sangrado por la vagina, leve o abundante, después de medio año seguido de no haber venido la regla.

Los secretos del orgasmo femenino

El creer en la posibilidad de una plenitud sexual es el principio de una relación satisfactoria. Para llegar a los niveles más altos, existen técnicas y zonas que pueden ser descubiertas con un poco de atención y estudio...

La sensación subjetiva de orgasmo está centrada -en la región pélvica- en el pene, en la próstata y en las vesículas seminales en los hombres y en el clítoris, en la vagina y el útero de las mujeres.

El orgasmo es una experiencia de corta duración, de no más de diez o doce segundos, con una intensidad difícil de explicar en palabras. Que las mujeres no tengan la facilidad de tener orgasmos que sí tienen los hombres, no tiene nada que ver con el tipo, la manera, o el modo de obtenerlos.

De hecho, la incapacidad de alcanzar el orgasmo durante el coito, a pesar de una respuesta plena ante otras formas de estimulación sexual, constituye la queja más común de las mujeres que buscan ayuda de los terapeutas sexuales.

Los orgasmos femeninos pueden ser obtenidos acariciando el clítoris o la zona aledaña a él. Para ello, debemos advertir que lo que conocemos por "clítoris", es apenas la parte visible y palpable de un órgano muy complejo y extenso, que hunde sus raíces cabalgando sobre la entrada del conducto vaginal, por detrás de los labios mayores y menores de la vulva.

No existe el orgasmo femenino sin la intervención del clítoris. Inclusive aquellas mujeres que dicen que sólo logran el orgasmo con la penetración, se sorprenderían si supieran que lo obtienen porque el pene roza la entrada de la vagina, y golpetea con el hueso pubiano y las bolsas testiculares la zona de la vulva.

Esto quiere decir que se excita el clítoris de muchas maneras, porque se encuentran en él los cuerpos cavernosos (igual que en el pene) que se llenan de sangre con la excitación y el roce.

Se trata de aquella región pequeña -que se toca como una pequeña fosita en el techo del conducto vaginal y en la entrada del
mismo- conocida como "Punto G", que hace relieve cuando la mujer se encuentra excitada sexualmente.

Este punto se encuentra situado en la cara anterior de la vagina, a medio camino entre el hueso del pubis y el cuello uterino, a unos tres centímetros del exterior de la vagina.

Puede sorprender, pero los 2/3 superiores de la vagina carecen de terminaciones nerviosas. Por lo tanto, carece de sentido, hoy en día, hablar de distintos tipos de orgasmo.

Todos los orgasmos, directa o indirectamente, tienen intervención del clítoris.

Para estimular el punto "G", apoye el dedo suavemente y de una forma acompasada sobre el punto descrito, modificando el ritmo según el resultado obtenido.

Este tipo de caricia requiere de mucho tacto ya que el hombre puede acelerar o ralentizar, aumentar o reducir la presión y con ello hacer variar el grado de excitación de su pareja.

Se recomienda que para efectuar este tipo de caricias las manos estén completamente limpias, las uñas bien cortadas y limpias, y no estaría de más utilizar un poco de crema o aceite lubricante a fin de hacerlas más suaves si cabe.

Las sensaciones obtenidas serán de menor intensidad que las del orgasmo clitorideo, pero permitirán un orgasmo más rápido y mayor número de repeticiones, que pueden ser simultáneas con la estimulación del clítoris y otras zonas erógenas.

La estimulación del Punto G mediante la introducción del pene resulta difícil si no se ayuda con la estimulación manual, especialmente en aquellas mujeres que tengan la vagina distendida por los partos.

La variedad de la obtención del orgasmo femenino, la experimentación, la posibilidad de goce de diferentes maneras, proporciona una idea aproximada de la salud mental, no sólo sexual, de la mujer.

Y hoy, a comienzos del siglo XXI, la salud mental de una persona, es medida por la posibilidad de tener opciones.

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Sexo y comida: el Tantra del amor
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martes, 31 de marzo de 2009

Los puntos erógenos o puntos de excitación

Seguramente todos hemos oído hablar alguna vez de los puntos erógenos opuntos de excitación, sin saber de que se trata en realidad, vamos a explicar brevemente que son los puntos erógenos y donde se pueden encontrar.
Los puntos erógenos, no son puntos sino que se trata de zonas erógenas y se reconocen por presentar mayor sensibilidad y responder al tacto con una mayor excitación sexual.
Los puntos erógenos en una mujer pueden no serlo en otra o no reaccionar de la misma manera ante determinados estímulos, el hombre en cambio, tiene sus zonas erógenas bien determinadas, lo cual hace más fácil encontrarlas y estimularlas.

Clásicamente se reconocen en la mujer como puntos de excitación por excelencia el clítoris y los senos, pero existen infinidad de zonas que pueden ser muy erógenas.
Toda la piel de la mujer puede responder a determinados estímulos pero son más sensibles las zonas con mayor irrigación sanguínea, por ejemplo, ambos lados del cuello, detrás de las orejas, la parte interna de los brazos, las muñecas, la parte interna de los muslos y detrás de las rodillas.
Conociendo donde están ubicados y cuales son los puntos de excitación en la mujer, aún falta saber como deben ser estimulados ya que como dijimos no todas las mujeres tienen la misma sensibilidad y por lo tanto no reaccionan de la misma forma.
Algunas mujeres presentan una mayor respuesta a las caricias muy suaves, casi un roce, otras en cambio pueden quedar indiferentes y necesitar un contacto más vigoroso.
Esto hace que aunque se conozcan cuales son las zonas erógenas de las mujeres en general, no sirvan las experiencias previas ya que es posible que lo que excite a una mujer cause rechazo en otra.
La recomendación es probar con paciencia hasta encontrar la intensidad apropiada del contacto, si no se encuentra, siempre se puede preguntar, nadie mejor que ella misma para indicar lo que le gusta.

Porque las mujeres no quieren tener sexo

Que el sexo para las mujeres no es lo mismo que para los hombres no es ninguna novedad, y cuando se habla de la igualdad sexual en realidad no se toman en cuenta las notorias diferencias que existen entre ambos.
Analizamos en el artículo llamado la sexualidad de los hombres la manera en que ellos viven el sexo debido a condiciones biológicas, sociales, culturales y psicológicas que les permiten disfrutar de su sexualidad sin ninguna clase de temores o problemas, lo mismo haremos aquí comparando esas mismas condiciones desde el lado de la mujer, para poder entender porqué las mujeres no quieren tener sexo.

Comenzaremos por las condiciones biológicas, como ya dijimos el hombre tiene todos sus genitales externos, los ve, los toca, los conoce, ya que desde la infancia está familiarizado con ellos, las mujeres tienen la mayor parte de sus genitales internamente y para la mayoría son un absoluto misterio.
La mujer puede sentir sensaciones, pero no ve como se producen a diferencia del hombre que observa sus erecciones y conoce los estímulos que las causan.
Todas las mujeres saben que dentro de su vagina existe un tejido llamado himen que se desgarrará cuando se produzca la primer penetración, están enteradas de que esto puede causar dolor y algún tipo de sangrado y eso les causa mucho temor ya que ignora la magnitud de ese dolor o daño que sufrirá, lo cual no sucede con los hombres cuya integridad física nunca se verá alterada.
Cuando los chicos se preguntan porque las mujeres no quieren tener sexo, siendo que ellos siempre están dispuestos para los encuentros sexuales, debe tener en cuenta que para las chicas la primera vez representa mucho más de lo que ellos se imaginan.
No podemos dejar de mencionar la diferencia biológica más importante, las que quedan embarazadas son las mujeres, ellas son quienes durante 9 meses estarán gestando, únicamente ellas serán quienes sufrirán en el parto y ellas serán quienes se harán cargo de la crianza de ese niño.
Hemos visto también como el sexo es incentivado en los hombres partiendo desde la familia, amigos y como la sociedad aprueba y alienta las experiencias sexuales desde la adolescencia.
Lo opuesto sucede con las mujeres a quienes desde pequeñas se les dice que los genitales no se muestran, no se miran ni se tocan, deben estar tapados y ocultos.
Los consejos de todas las abuelas y madres hacia las niñas siempre se centraron en que no permitieran que nadie toque sus genitales, que no dejen que ningún hombre se acerque demasiado, que no acepten dulces de desconocidos porque pueden tener intenciones de violarlas y muchas recomendaciones similares.
El temor al sexo es inculcado desde la infancia y ni hablemos de lo que sucede dentro de las familias religiosas donde el sexo es un pecado, el hecho de sentir excitación debe ser reprimido antes que Dios envie un terrible castigo.
La respuesta a porqué las mujeres no quieren tener sexo, es simple, porque aprendieron a reprimir los impulsos sexuales por miedo, miedo al sufrimiento físico, miedo al embarazo y miedo a estar haciendo algo malo que tarde o temprano tendrá un castigo.
Pasemos a como mira la sociedad a una mujer que ejerce su sexualidad en igualdad con los hombres, seguramente será el único rasgo de su personalidad tenido en cuenta ya que automáticamente se borrará cualquier cualidad que posea y será considerada promiscua, una perdida, mujer fácil, una cualquiera y otra serie de calificativos despectivos que todos conocemos.
Porqué las mujeres no quieren tener sexo y los hombres siempre quieren creo que está superficialmente explicado, se necesitaría un análisis más profundo y extenso, pero lo básico está expuesto.

Porque las mujeres no llegan al orgasmo

La mayoría de las mujeres tiene enormes dificultades para llegar al orgasmo, algunas afirman que jamás pudieron obtenerlo con un compañero sexual y aún aquellas que lo logran dicen que esto no sucede en todos los contactos sexuales.
Una mujer que no llega al orgasmo piensa que padece algún tipo de anomalía, que tiene una falla, para ocultarlo y que su pareja no sospeche de su “anormalidad,” finge tener orgasmos durante la penetración.
Si es necesario finge orgasmos múltiples y luego sonríe como si estuviera felíz y satisfecha del placer que recibió, lo cual levanta hasta las nubes el ego de su pareja quien cree haber sido quien provocó esas explosiones de placer.

Posiblemente muchos hombres quedarían atónitos si sus parejas les confesaran que jamás pudieron tener un orgasmo con ellos y que los impresionantes orgasmos, que creeron provocar, no fueron otra cosa que excelentes actuaciones.
La mujer puede fingir el orgasmo por varias razones, la primera de ellas es evitar que el hombre sepa de su anorgasmia, el segundo motivo es que el hombre no se sienta disminuído por no proporcionar placer a su pareja, luego tenemos las que quieren que el hombre quede “contento” y se conforman con complacerlo a él.
El no tener orgasmos o lograrlos ocasionalmente no es una anormalidad ni una falla, hay varias cosas que una mujer debe aprender para superar este problema.
Lo primero es conocer que zonas de su cuerpo le brindan más placer y tener la suficiente confianza con su pareja para que sepa que puntos tocar y con cuanta intensidad, sin una comunicación abierta y fluída no hay forma de que el hombre sepa lo que una mujer quiere.
Es importante saber que la mujer necesita un mayor tiempo para lograr la excitación y debe ser hablado sin pudores, si no hay excitación suficiente es muy difícil que se puedan producir orgasmos.
Una vez realizada la penetración debe haber cierta sincronización de movimientos entre ambos, de pronto el hombre es muy brusco, muy rápido o demasiado suave y lento en los momentos inadecuados, si cada uno va para su lado el resultado no será bueno.
Si este ritmo no se da en forma natural, también hay que hablarlo, la sexualidad en una pareja es asunto de dos personas y ambos deben disfrutar de la relación.
Por último, la mujer debe aprender a relajarse y dejarse llevar por lo que siente, el sexo es el momento de mayor intimidad de una pareja y debe ser vivido plenamente, las preocupaciones y los problemas se resuelven en otro ámbito, no hay que llevarlos a la cama.

domingo, 15 de febrero de 2009

HOMBRES CONTRA LA VIOLENCIA MACHISTA: EL SILENCIO NOS HACE CÓMPLICES.

HOMBRES CONTRA LA VIOLENCIA MACHISTA: EL SILENCIO NOS HACE CÓMPLICES.

 

El número de mujeres muertas a manos de sus parejas sigue siendo alarmante. Estas cifras no son más que un indicador de la violencia machista que miles de mujeres tienen que sufrir cada día. En los últimos años, gracias a la presión del movimiento de mujeres, se han adoptado una importante serie de medidas jurídicas y administrativas para luchar contra esta lacra social. Pero no son suficientes. Se necesita la movilización general de la sociedad para conseguir acabar con un fenómeno complejo y profundamente arraigado en nuestras tradiciones.

 

Esta movilización no solo debe servir para conseguir más recursos, todavía muy escasos. Debe crear también un clima de tolerancia cero hacia la violencia machista que haga sentirse apoyadas a las víctimas a la hora de denunciarla y deje claro al agresor nuestra más rotunda condena ante cualquier posible abuso o maltrato.

 

Los hombres tenemos una especial responsabilidad en contribuir a este cambio de actitudes. La violencia de género es un fenómeno social que sufren las mujeres, pero que ejercen los hombres en nombre de una supuesta superioridad masculina. La responsabilidad individual es de los maltratadores, pero acabar con el machismo es algo que tenemos que hacer entre todos.

 

No es fácil justificar la falta de interés de la mayoría de hombres hacia una de las cuestiones públicas más dramáticas y relevantes de nuestra sociedad.  Las víctimas tienen padres, hermanos, hijos, amigos, vecinos, compañeros de trabajo y conciudadanos. Parece sin embargo que, precisamente por ser hombres, tuviéramos dificultades para manifestar públicamente nuestra condena.

 

Uno de los principios fundamentales del machismo es hacernos creer que solo hay una forma de ser hombre. Todos sabemos qué significa no ser lo suficientemente machos. La mayoría de los hombres, sin embargo, no podemos seguir permitiendo que se nos confunda con quienes, en nuestro nombre, ejercen o toleran la violencia contra las mujeres porque no están dispuestos a reconocerlas como iguales. Tenemos que manifestarnos personal y públicamente. El silencio nos hace cómplices.

 

Por eso convocamos específicamente a los hombres a que se manifiesten contra la violencia machista. Es necesario hacer un gesto público para llamar la atención a otros hombres y pedirles que se sumen a las movilizaciones contra la violencia hacia las mujeres.  Queremos acabar con la presunción de que la mayoría de los hombres justifican la violencia porque están contra la igualdad. Queremos manifestarnos como hombres contra la violencia machista.

 

www.forohombresigualdad.net

 

forohombresigualdad@gmail.com

Los hombres compran, las mujeres van de compras

En lo que se refiere a las compras, las mujeres son de Venus y los hombres de Marte.


 

Las mujeres son felices rebuscando entre las colecciones de accesorios y ropa o dándose una vuelta por la sección de calzado. Les gusta subirse en ascensores de cristal mientras escuchan música clásica o rociarse con la muestra de un perfume antes de, por ejemplo, comprar otra cosa. Sin embargo, los hombres consideran que comprar es más bien una misión. Salen con el objeto de comprar determinado bien y tan pronto como lo hacen quieren abandonar rápidamente la tienda.


 

Estas son algunas de las conclusiones que aparecen recogidas en el estudio "Men Buy, Women Shop" (“Los hombres compran, las mujeres van de compras”), realizado por Jay H. Baker Retail Initiative, de Wharton, y el Verde Group, una firma consultora de Toronto. Asimismo las mujeres reaccionan con mayor intensidad que los hombres ante la actitud de los dependientes. Sin embargo, las reacciones de los hombres están más relacionadas con aspectos utilitarios relacionados con la compra, como tener espacio para aparcar, que el producto esté disponible en stock o que no haya largas colas para pagar.


 

“Las mujeres suelen estar más involucradas en toda la experiencia de ir de compras”, dice Robert Price, director de marketing de CVS Caremark y miembro de consejo asesor Baker. “Los hombres quieren entrar en la tienda, comprar el bien que andan buscando y salir rápidamente”.


 

“Me encanta ir de compras. Me encanta ir de compras incluso cuando mi tiempo es limitado. Simplemente adoro comprar”, comentaba una de las participantes en el estudio, de edad comprendida entre los 18 y los 35 años. Comparemos esta respuesta con la de un varón del mismo grupo de edad describiendo cómo los hombres afrontaban la experiencia de ir de compras: “Vamos a determinada tienda, compramos lo que necesitamos y nos vamos porque queremos hacer otras cosas”.


 

Price sostiene que el papel de las mujeres como “cuidadoras” persiste a pesar de que sus responsabilidades han aumentado. En su opinión, estas responsabilidades contribuyen a que las mujeres sean más conscientes a la hora de comprar y también tengan mayores expectativas. Por otro lado, tras haber confiado durante varias generaciones dicha tarea a las mujeres, el interés de los hombres en el hecho de ir de compras se ha ido atrofiando.


 

En opinión del profesor de Marketing de Wharton, Stephen J. Hoch, el comportamiento a la hora de ir de compras refleja las diferencias de género que se manifiestan en diferentes aspectos de la vida. “Las mujeres piensan en las compras de un modo interpersonal y humano, mientras los hombres consideran que es algo más instrumental. Se trata de una tarea que hay que ejecutar”, explica añadiendo que estas conclusiones tienen implicaciones para los minoristas interesados en desarrollar un enfoque más segmentado para crear y mantener la lealtad de los clientes de ambos géneros.


 

Sentirse importante versus irse rápidamente

Los investigadores también descubrieron que, cuando compran, es más probable que las mujeres tengan más problemas que los hombres (53% frente al 48%). Asimismo, las mujeres de más de 40 años suelen experimentar más problemas que los hombres de ese mismo grupo de edad.


 

Para las mujeres, “la falta de ayuda cuando se necesita” constituye el mayor problema (29%). También es el motivo más probable por el que las tiendas pierden negocio con sus clientes del género femenino. De hecho, según el análisis de los datos recopilados para la elaboración del estudio, los establecimientos podrían llegar a perder el 6% de sus clientes mujeres porque no encuentran la ayuda de los dependientes. Sin embargo, los hombres consideraban que el principal problema (también con un 29%) es “la dificultad para encontrar sitio donde aparcar cerca de la entrada del establecimiento”. El problema que con mayor probabilidad causaría la pérdida de los clientes masculinos es que el producto que tenían intención de comprar esté agotado; los establecimientos podrían llegar a perder el 5% de los consumidores varones debido a este motivo.


 

Los clientes de género masculino y femenino también muestran diferentes reacciones ante los dependientes. Para los hombres, que el dependiente muestre interés en ayudarle a encontrar determinado bien es más importante que para las mujeres, seguido por los esfuerzos del dependiente para poder cobrarle rápidamente. Para las mujeres, la lealtad al establecimiento está relacionada con la familiaridad mostrada por los dependientes con los productos de la tienda y su capacidad para determinar qué productos se ajustan más a los gustos y necesidades del cliente. Según el estudio, las mujeres también valoran a los dependientes que les hacen sentirse importantes.


 

En una entrevista con los investigadores, una mujer cuya edad estaba comprendida entre los 18 y los 35 describía a los empleados de su tienda preferida: “Los dependientes son siempre estupendos. Siempre me enseñan diferentes estilos. También me muestran cosas nuevas que acaban de entrar”. Mientras, un hombre perteneciente a ese mismo segmento de edad declaraba: “No me relaciono mucho con la mayoría de los dependientes. Realmente no los necesito… excepto para que me cobren en caja”.


 

Paula Courtney, presidente del Verde Group, sugiere que las actitudes ante los dependientes reflejan diferencias sutiles, aunque importantes, entre los hombres y las mujeres. Cuando se les preguntó qué problema causaría que nunca volviesen a determinado establecimiento, las mujeres señalaron que “empleados que actuasen como si estuvieses interrumpiendo sus conversaciones personales o haciéndoles perder su tiempo”. Los hombres concedían mayor importancia a que los empleados fuesen “perezosos, es decir, que no comprobasen que determinado bien estuviese disponible en stock o que no te acompañasen hasta el lugar en que estaba el producto que estabas buscando”.


 

Courtney señala que, para las mujeres, la experiencia de comprar es algo “más personal”. Para los hombres, los problemas con los dependientes están relacionados directamente con conseguir el artículo que querían. “Las mujeres son más proclives a sentirse molestas por la falta de compromiso de los dependientes. Para los hombres, aunque el compromiso es algo importante, no lo es tanto como el producto en sí o poder abandonar el establecimiento rápidamente”.


 

Los comercios minoristas pueden utilizar los resultados de este estudio para ofrecer servicios personalizados a sus clientes y así incrementar sus ventas, explicaba Courtney. “En un mercado altamente competitivo, donde la gente es sensible a los precios y existen cientos de opciones, si puedes sacarte de la manga una nueva estrategia que te conceda cierta ventaja, ¿por qué no vas a hacerlo?”, pregunta. “Si tratamos a los hombres y las mujeres de un modo diferente, entonces tendremos más éxito”. Erin Armendinger, director de gestión de la iniciativa Baker, lo explica del siguiente modo: “Los hombres y las mujeres sencillamente son diferentes. Es importante que los minoristas recuerden que no se trata sólo de lo que compran, sino de cómo lo compran”.


 

Price sugiere que los minoristas que quieran mejorar su capacidad para llegar a los consumidores según su género deberían seguir determinados pasos. No obstante, en primer lugar tendrían que asegurarse del buen funcionamiento de sus operaciones para evitar que se generen problemas, como no disponer de un producto en stock o no haber generado suficiente publicidad, lo cual reduce la satisfacción de comprar tanto para hombres como para mujeres. Asimismo Price sugiere que todo esfuerzo para intentar llegar a las féminas no puede ser superficial, como por ejemplo simplemente colgar letreros o cambiar el color de los uniformes.


 

La comunicación es fundamental para llegar a las mujeres, añade Price. Los dependientes deben saber si el cliente está buscando un producto que no admite devolución, como por ejemplo un producto cosmético, o un producto más complejo, como un tratamiento o medicamento que se pueda vender sin receta. Para ayudar a los clientes en estas dos categorías tan diferentes de bienes se necesitan diferentes estilos de comunicación. Se debe formar a los dependientes para saber reconocer y reaccionar ante las pistas que proporcionen los clientes.


 

Aquellos minoristas que quieran resultar atractivos para las mujeres deberían también prestar atención a la variedad de productos que ofrecen, dice Price. Podría ser muy tentador ofrecer un amplio abanico de productos, sin embargo las investigaciones muestran que las mujeres que deben encontrar cierto equilibrio entre sus múltiples responsabilidades prefieren aquellos establecimientos con una selección limitada, como Coach, Trader Joe’s y Sephora.


 

Por último, contratar a mujeres en todas las secciones proporcionará al establecimiento un contacto más directo con las necesidades de las potenciales clientes. En la empresa de Price, la mayoría de los dependientes son mujeres; asimismo, en el departamento de marketing el porcentaje de féminas supera al del sexo contrario. No hay idea que empiece a circular sin que rápidamente una mujer manifieste como podría afectar a su vida, señala.


 

Las múltiples facetas del dependiente
Según WomenCertified, una organización para la formación de los comerciantes minoristas y consultora especializada en mujeres y consumo con sede en Hollywood, Florida, que también participó en la elaboración del estudio, las mujeres gastan al año unos 4 billones de dólares y suponen el 83% del consumo en Estados Unidos, o lo que es lo mismo, dos tercios de su PIB.


 

El estudio “Men Buy, Women Shop” está basado en una muestra aleatoria nacional de 1.250 consumidores a los que, a través de entrevistas telefónicas realizadas entre el 20 de octubre y el 4 de noviembre de 2007, se les preguntó sobre sus últimas experiencias al ir de compras. En la muestra dominaban los consumidores de género femenino en una proporción de dos a uno.


 

Aunque muchos de los resultados del estudio no sorprenden a los minoristas, en opinión de Delia Passi, fundadora de WomenCertified, los datos podrían ayudar a las empresas a centrarse más en algunos de los problemas apuntados por hombres y mujeres. Según Passi, hace tiempo que los minoristas son conscientes de que, a la hora de comprar, existen diferencias importantes entre hombres y mujeres. “Debemos remontarnos muy atrás en el tiempo. Las mujeres son recolectoras y los hombres cazadores. Las mujeres entran en una tienda y empiezan a observarlo todo. Los hombres simplemente buscan determinada sección”. Investigaciones científicas muestran que las mujeres tienen mejor visión periférica que los hombres, lo cual les beneficiaría como recolectoras.


 

Passi sostiene que las actitudes de hombres y mujeres a la hora de ir de compras –las mujeres más centradas en la propia experiencia y los hombres interesados en ejecutar una misión-, no caen necesariamente en el estereotipo sexista de que las mujeres son más emocionales y débiles. “En lo que respecta a ir de compras, tanto hombres como mujeres entran en la tienda para comprar algo; pero ella quiere algo más. Quiere una mayor interacción. Quiere tener más contacto personal. Quiere respuestas rápidas mientras busca ayuda y colaboración en su proceso de compra”. Passi reconocía que muchas de las observaciones reveladas en el estudio siguen reflejando generalidades y que muchos hombres y mujeres no aparecen reflejados en los patrones generales. De hecho, como dueña de su propio negocio, a menudo no dispone de mucho tiempo y en lo que respecta a las compras se comporta más bien como los varones del estudio.


 

Según Hoch, este estudio, junto con otras investigaciones llevadas a cabo por la iniciativa Baker, indican que los dependientes son fundamentales en toda transacción porque son un modo de que el establecimiento se diferencie frente a los competidores y gane cuota de mercado. “Es difícil hacer algo respecto al aparcamiento o a una cantidad excesiva de gente; pero se puede hacer algo respecto a los dependientes”, señala Hoch. “Para mí lo interesante es cómo las mujeres suelen estar más centradas en las personas mientras los hombres actúan prácticamente como si estuviesen delante de un cajero. De hecho, preferirían tratar con una máquina que con una persona”.


 

Courtney reconoce que dar respuesta a los resultados del estudio añade otra responsabilidad a las múltiples prioridades que deben atender los dependientes. “Al final del día, un dependiente tiene que ser multifacético”, dice Courtney. “Deben tener poder de atracción, ser dinámicos y educar. Deben ser auténticos. Lo que este estudio nos indica es qué botones hay que apretar y con qué intensidad dependiendo de que el cliente es hombre o mujer”.


 

Courtney sostiene que los minoristas deben mejorar y proporcionar servicios más sofisticados y segmentados, no sólo teniendo en cuenta el género sino también la edad, el grupo étnico y las diferencias regionales. “No hay homogeneidad cuando hablamos de los clientes. No somos para nada consumidores homogéneos. Sin embargo, las organizaciones acaban tratando a los clientes como una gran familia feliz. Pero influyen un montón de factores demográficos y psicográficos”.


 

Tal y como explica Courtney, el género es uno de los atributos más fáciles de tener en cuenta. Los expertos en marketing algo sofisticados podrían intentar diferenciar los servicios por género y edad, o entre mujeres profesionales y mujeres que son amas de casa a tiempo completo. “En cierto momento la búsqueda de lo ideal deja de ser práctico; pero creo que el género define un segmento que es fácil tratar de un modo diferente”.
 

Fuente: Universia Knowledge Wharton